Si te cruzas con algún fantasma aquí adentro, simplemente ignóralo; pero si se pone fastidioso, recítale algún verso en voz alta, que con eso será suficiente... (Si te toman por loco, no es culpa mía.)

sábado, 22 de junio de 2013

Julián




Audio de la historia:



            1

Atestiguado por las sombras, acaso menos perverso que monstruoso, el cuerpo de ese hombre gris se arrastra, repta por los recovecos de la mente  (de los sueños, o de un texto de pesadilla)  de Julián.  Esa noche, como cada noche desde hace algún tiempo, el ritual de imágenes y de sonidos y de  sollozos se enciende. Julián se hunde implacablemente; debajo del colchón encuentra al que repta: lo mira a los ojos, pero no hay ojos, sólo cuencas  vacías… En el sueño, el hombre que repta se dirige, nauseabundo y atroz, hacia el cuarto de la madre de Julián: va a matarla; sencillamente, Julián  lo sabe.  A tientas, entre gritos sin voz (típico de pesadilla) intenta alcanzar al monstruo… Hay gritos, hay cuchillos, hay manos cercenadas  de seres abominables; no hay ojos, nunca hay ojos. Julián despierta. Se levanta, aturdido, y se dirige al cuarto de su madre…

2

Entra a la habitación y encuentra a una madre durmiendo, soñando que tiene un hijo que se llama Julián, que sueña con un monstruo que va a matarla. Pero no existe tal hijo, nunca ha existido; no existe la mujer, tampoco. Solo hay un monstruo —horrendo y terrible y blasfemo— soñando con una mujer que sueña con su hijo que no existe, esperando a que despierte para comerle los ojos.  El monstruo, arrinconado en la onírica habitación, no tiene manos; escribe este texto incomprensible, con sus muñones. Cuando esta noche —a partir de la lectura— tú, grisáceo lector,  sueñes con Julián y con su madre y con el monstruo, y acaso te quedes sin ojos, no me inculpes; quizá ya estés dormido y reptando… en este momento.

            3

Atestiguado por las sombras, acaso menos perverso que monstruoso, el cuerpo de ese hombre gris se arrastra… repta por los recovecos del sueño o de este texto, que de algún modo son lo mismo.


                                                                                    César Augusto Pacheco